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Ni plantas ni animales

Divulgación

Cuando un ser vivo deja de serlo, las sustancias nutritivas que contenía no se desperdician, sino que nuevamente pasan a formar parte de la tierra. De esta misión limpiadora y restauradora de los ecosistemas se encargan los descomponedores, también llamados desintegradores o, más técnicamente, saprófitos, y es tan importante su servicio que su desaparición pondría en un serio compromiso a la vida sobre la Tierra.

Chipirón de monte (Coprinus comatus)

Los hongos son descomponedores, unos seres vivos que no son ni plantas ni animales; forman un reino aparte, el Reino Fungi, desde 1969. Hasta entonces eran considerados como plantas inferiores. Su vida transcurre prácticamente en el anonimato, en el interior de una hoja muerta, una rama o bajo el suelo, y toma la materia y la energía que precisan para vivir de los cadáveres vegetales. Recordemos que los hongos son seres heterótrofos, como los animales, esto es, no son capaces de fabricar su propio alimento por carecer de clorofila.

Níscalo (Nactarius deliciosus)

Los hongos tienen una tremenda capacidad de adaptación a los más diversos sustratos y entornos, lo que se traduce en una gran variedad: se cree que hay más de 300.000 especies de hongos. Y su labor como recicladotes de materia orgánica es esencial en todos los ecosistemas donde están presentes, razón suficiente para conocerlos y respetarlos. Son capaces de disolver cualquier material, ya sea roca, metal o plástico, pero fundamentalmente se alimentan de plantas.

Seta cucharera (Clitocybe geotropa). Fuente: Wikimedia Commons

Solo durante algunos días los hongos salen a la luz y se dejan ver. Esto ocurre cuando están preparados para reproducirse. Por tanto, lo que vemos empujando a la hojarasca desde abajo, o aflorando a la superficie del suelo o sobre troncos de árboles es la parte reproductora del hongo, que realmente vive en la clandestinidad. Para perpetuarse se sirve de unas pequeñas y ligerísimas partículas, las esporas, el equivalente a las semillas de las plantas.

Pedos de lobo (Lycoperdon perlatum)

El hongo libera esas esporas como si fueran nubes de humo que se transportan por el aire; es entonces cuando el edificio reproductor se desmorona y queda como alimento de larvas. Cuando las esporas germinan, desarrollan unas finas hebras blanquecinas que se extienden sobre la materia muerta, dándole ese típico aspecto de algo que está podrido. Esa estructura filamentosa es en realidad el hongo.

Seta de chopo (Agrocybe aegerita)

Así pues, las plantas muertas no retienen sus sustancias nutritivas para siempre. Una parte de ellas fue alimento de los hongos y otra parte pasó al suelo para servir de alimento a generaciones futuras.