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Blog

09 jun 2018

Por qué vivir juntos

Jaime
Etología

De todos es sabido que agruparse ayuda a encontrar alimento y a defenderse de los depredadores. Los primeros homínidos no perseguían otra cosa cuando les dio por vivir juntos, y ahora el ser humano también se agrupa para mejorar sus posibilidades de superviviencia, realizar más y mejores trabajos, lograr objetivos más ambiciosos. En fin, si esto es tan evidente, bien podría dar por cerrado el artículo en este punto, pero tal vez convenga profundizar algo más en el asunto y tratar de...

07 abr 2018

Hacerse la corte

Jaime
Etología

Bien, de antemano daremos por sentado que interesa eso de vivir juntos —asunto que pronto tendremos que abordar con mayor detenimiento—, que la vida social permite encontrar alimento con más facilidad, desarrollar estrategias de huida o defensa ante la presencia de un depredador, así como habilidades más eficaces en el momento de la caza, que los agrupamientos facilitan disponer de multitud de oportunidades para aprender de los demás —¿podría decirse que las sociedades animales son...

23 jul 2017

Más que “por qué”, para qué

Jaime
Etología

Obstinados como andamos tan a menudo en tratar de explicar las cosas de la Naturaleza aplicando criterios humanos —lo que venimos a llamar antropocentrismo—, buscamos, a veces con notable torpeza, respuestas a las múltiples cuestiones que nos plantea el complicado mundo del comportamiento animal. ¿Por qué hibernan los osos? ¿Para qué almacenan las ardillas sus frutos? ¿Por qué “ladra” un corzo? ¿Para qué se entierra una lombriz? ¿Por qué cambia de color un camaleón? ¿Para qué recorren tantos...

25 jun 2017

Reforzar la emancipación

Jaime
Etología

El maestro habla con la madre de un alumno. Es una de esas entrevistas que se hacen con carácter periódico y, como en todos los encuentros, hace las mismas preguntas: ¿Cuánto tiempo dedica el niño cada día a su trabajo en casa? ¿Te sientas con él a la mesa mientras trabaja?”. Y, como en muchas de esas conversaciones, el maestro se ve obligado a escuchar dos barbaridades como respuesta: “Más de dos horas” y “Sí”. La prudencia evita que uno se eche las manos a la cabeza y guía sus palabras...