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Blog

Las dudas de Darwin

Historia

“Siempre me asalta la duda horrible de si las convicciones de la mente humana, que se ha desarrollado a partir de las mentes de los animales inferiores, tienen algún valor. ¿Alguien se fiaría de las convicciones de la mente de un mono, si es que hay alguna convicción en una mente tal?”

Charles Darwin

 

En cierta ocasión se sorprendían mis alumnos cuando les hablaba de la existencia de una especie de avispa que pone sus huevos en el cuerpo de orugas de otros insectos. El objetivo es que, cuando esos huevos eclosionan, las larvas de avispa se pongan a consumir lenta y ávidamente la carne de la oruga, dejando para el final los órganos vitales. De esta forma, la sufrida oruga, sin prestar aparentemente atención a lo que ocurre dentro de su cuerpo, continúa alimentándose de hojas, de modo que regenera su masa corporal al tiempo que otros la están devorando.

He aquí un fragmento de un precioso documental que lo cuenta con detalle:

A mis alumnos esto les parecía mal, es más, lo vieron como algo cruel, y dudo que entendieran que los conceptos del bien y del mal son una invención del ser humano, que se empeña en contemplar la naturaleza con criterios morales de su cosecha. Esto es algo que ha dado mucho que pensar a filósofos y científicos a lo largo de la historia, y Charles Darwin no fue ajeno al debate. La observación de la escena que acabo de describir debió parecerle algo poco ajustado a la visión que tenía de un Dios justo y misericordioso. En una carta escrita al botánico Harvard Asa Gray le manifestaba su preocupación al respecto: “No puedo persuadirme de que un Dios caritativo y todopoderoso haya creado deliberadamente a los icneumonoideos —la familia de nuestra avispa— con la intención expresa de que se alimenten dentro de los cuerpos vivos de las orugas.”

A Darwin solo le faltaba el fatal desenlace de la enfermedad de su hija Annie en 1851 para que el edificio de sus convicciones morales se viniera abajo, dejando de acudir a la iglesia y abrazando el agnosticismo más escéptico, a pesar de su resistencia a exponer en público sus dudas sobre las religiones. Ahora se sabe que la mala salud de sus hijos estaba motivada por la endogamia, pues él y su mujer eran primos hermanos. Otros dos hijos murieron prematuramente y tres más no tuvieron descendencia.

Charles Darwin y su hija Annie en 1849

 

Las muchas horas que pasaba caminando en soledad mientras su familia participaba en los oficios religiosos le dieron para ir labrando una filosofía de vida basada en la observación de la Naturaleza y que dejó escrita en su autobiografía, obra póstuma publicada en 1887. En ella encontramos este párrafo:

“La persona que no crea de manera segura y constante en la existencia de un Dios personal o en una existencia futura con castigos y recompensas puede tener como regla de vida, hasta donde a mí se me ocurre, la norma de seguir únicamente sus impulsos e instintos más fuertes o los que le parezcan los mejores. Así es como actúan los perros, pero lo hacen a ciegas. El ser humano, en cambio, mira al futuro y al pasado y compara sus diversos sentimientos, deseos y recuerdos. Luego, de acuerdo con el veredicto de las personas más sabias, halla su suprema satisfacción en seguir unos impulsos determinados, a saber, los instintos sociales. Si actúa por el bien de los demás, recibirá la aprobación de sus prójimos y conseguirá el amor de aquellos con quienes convive; este último beneficio es, sin duda, el placer supremo en esta Tierra. Poco a poco le resultará insoportable obedecer a sus pasiones sensuales y no a sus impulsos más elevados, que cuando se hacen habituales pueden calificarse casi de instintos. Su razón podrá decirle en algún momento que actúe en contra de la opinión de los demás, en cuyo caso no recibirá su aprobación; pero, aun así, tendrá la sólida satisfacción de saber que ha seguido su guía más íntima o conciencia.”

Y es que la Naturaleza no entiende de normas morales, sino de supervivencia.