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Curiosidades emboscadas (4): ¿Qué pasa, tronco?

Interpretación de la Naturaleza

Vamos a tratar de desvelar algunos de los muchos misterios que albergan nuestros bosques, enigmas que nos pueden hacer pensar que el bosque se ha vuelto loco, y para ello nos fijaremos con más atención en los troncos de los árboles. Por ejemplo, esos curiosos abultamientos que los “adornan” a modo de granos más o menos antiestéticos. Se llaman lupias y en realidad no causan daño alguno a la planta. Se trata sin más de un crecimiento desordenado de la corteza que confiere a la madera una estructura irregular que no es demasiado apreciada en carpintería. No obstante, estos abultamientos son más resistentes que el resto de la madera, por lo que se solían utilizar para otros menesteres, que es lo que ocurría con las “chopas”, las bolas empleadas en el juego de bolos conquenses.

Veamos algunos ejemplos:

En arce negundo (Acer negundo)

En chopo (Populus nigra)

En quejigo (Quercus faginea)

En pino negral (Pinus nigra)

Otra curiosidad que abunda en el bosque son las grietas y amputaciones, heridas que sufren los troncos por causas naturales —rayos, golpes por caídas de otros troncos— o debidas a la mano del hombre —podas, agresiones, accidentes—. El árbol debe generar corteza para cubrir esas heridas e impedir el ataque de hongos e insectos, aunque también los pájaros carpinteros aprovechan que esta parte del tronco se debilita y reblandece para picotear en busca de jugosas larvas. El árbol necesita varios años para cerrar sus cicatrices, como vemos a continuación:

En álamo negro, como la siguiente.

En sabina albar (Juniperus thurifera)

En pino negral, con la ayuda de la resina.

Aquí tenemos lo que podría ser la evolución de una grieta sobre un pino, aunque se trata de pinos diferentes:

Ahora encontramos un tronco que ha caído aunque sin quedar totalmente desconectado de la tierra porque sus raíces no han sido seccionadas, de forma que continúan succionando agua y sales minerales. El árbol sigue vivo, pero su exposición a la luz ha cambiado totalmente. Las ramas solo crecen en vertical en la parte superior del tronco, dando al árbol la curiosa forma de un arpa.

Con frecuencia un árbol llega a verse en la penumbra de otros árboles cercanos. Esto no es bueno, y poco a poco comienzan a proliferar en su tronco unos chupones que tendrán escaso recorrido, pues pronto quedarán resecos. El problema es que cada primavera surgen nuevas ramillas que con el tiempo van formando estos matojos que en realidad no aportan nada al árbol. Es más, van a generar en su madera unas manchas llamadas “garras de gato” que depreciarán su valor.

La Naturaleza apenas entiende la línea recta, y los árboles no van a ser menos. A veces encontramos troncos cuya corteza se desarrolla en forma de hélice, no en vertical, y esto es algo a lo que todavía no se ha dado una explicación, lo que da pie a la especulación. Hay quien dice que esto está motivado por el movimiento de la luna o del sol, o tal vez como estrategia para aprovechar la lluvia y hacer que se deslice lentamente hasta el suelo permanezca más tiempo cerca del tronco. La distribución interna del agua procedente de la raíz es más equilibrada. Es posible también que este crecimiento proporcione más flexibilidad al árbol y, por tanto, mayor resistencia ante los embates del viento o el peso de la nieve.

Puede ser que la fuerza del viento o la gravedad hagan que los anillos de crecimiento no sean exactamente circulares y de alguna manera tuercen el tronco. Es entonces cuando el xilema —la parte del tronco que conduce la savia bruta desde la raíz al resto de la planta— experimenta un crecimiento anormal que tira del trono para enderezarlo.

Tronco de sabina albar.

Seguiremos atentos a estas curiosidades a lo largo de nuestros paseos por el campo.