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Clasificación Taxonómica

Cuando el hombre se propuso por vez primera realizar una clasificación botánica, se fijo fundamentalmente en las propiedades y principios útiles tales como usos medicinales o culinarios, contenido en venenos, etc. Claro que el número de plantas conocidas entonces era bastante pequeño. Posteriormente, a medida que se iban conociendo más, surgió la necesidad de identificarlas, nombrarlas, clasificarlas e informar de su existencia. Así nació el sistema creado por Linneo en 1735, que seleccionó arbitrariamente unos determinados caracteres como principales (forma de desarrollo, piezas florales, etc.). Este sistema, del que se nutrieron otros, incluía entre las plantas a los hongos, los corales y las esponjas.

Después surgieron otros sistemas que añadían más caracteres: Jussieu (1718), De Candolle (1816-1873), Bentham & Hooker (1862-1883). Pero seguían siendo sistemas que se basaban en la similitud de propiedades o caracteres entre los organismos sin tener en cuenta cómo habían llegado a adquirirlos, es decir, la evolución. Tras la publicación de El origen de las especies por Charles Darwin (1859), la relación de parentesco entre los distintos grupos de seres vivos se erige como un criterio básico de clasificación.

La tarea de crear sistemas de clasificación que expresen de la mejor manera posible los diversos grados de similitud entre los organismos vivos corresponde a la Sistemática, que a su vez se divide en tres partes: Clasificación, Taxonomía y Nomenclatura. La Clasificación es la parte de la ciencia que se encarga de ordenar los seres vivos en grupos de tamaño creciente, dispuestos de una manera jerárquica, desarrollando un sistema o jerarquía de niveles o categorías. De esta forma, identificar una planta o cualquier otro ser vivo consiste en reconocerlo una vez que está clasificado para poder aplicarle un nombre conocido. Por tanto, identificar no es lo mismo que clasificar. Una clasificación es un almacén de información sobre los seres vivos que permite realizar generalizaciones, es decir, formar grupos de seres vivos con el mayor número de caracteres comunes entre sí.

La Taxonomía es la parte de la Sistemática que proporciona los principios y procedimientos para realizar una clasificación. Se trata de nombrar, describir y clasificar organismos usando observaciones morfológicas, genéticas, bioquímicas y de comportamiento. Es importante que un ser vivo tenga un nombre y que este sea conocido por todos para saber que nos estamos refiriendo a él en cualquier parte del mundo. Un grupo de organismos que se pueden cruzar entre sí y dar descendencia viable forma una especie. Asi, por ejemplo, dos seres vivos parecidos pero de diferentes especies, como el caballo y la cebra, no pueden cruzarse, mientras que los miembros de una misma especie sí.

Por su parte, la Nomenclatura botánica es la parte de la Sistemática que crea nombres para designar a los seres vivos. Cada organismo puede tener varios nombres comunes o vernáculos, esto es, conocidos por las personas de una zona, región o país, pero esta forma de nombrarlo tiene algunos inconvenientes, como el ser solo aplicables a una lengua, o que a menudo se aplican a seres diferentes. Por ello, se utilizan los nombres científicos, concretamente el binomial, formado por dos palabras en latín. Los taxónomos proporcionan nombres únicos para las especies, y son las etiquetas que pueden ayudarnos a saber más sobre ellas, y nos permiten estar seguros de que todos estamos hablando de lo mismo. Ahora bien, un mismo organismo puede recibir muchos nombres en muchos idiomas, y esto puede sembrar la duda acerca del organismo al que se refiere dicho nombre. Por ejemplo, si hablamos del erizo, no queda claro si ese nombre se refiere al mamífero insectívoro espinoso Erinaceus europaeus, o bien al invertebrado marino equinodermo conocido como erizo de mar, o bien a uno de los nombres que recibe el castaño de Indias, Aesculus hippocastanum, o bien al que también se adjudica al otro tipo de castaño, Castanea sativa, o bien al arbusto espinoso Calicotome spinosa. Esta es la razón por la que el nombre científico de un ser vivo se da en latín, y es el mismo nombre utilizado en todo el mundo.

Clasificación General

Antiguamente los seres vivos se dividieron en dos gran grupos: animales y plantas, pero luego se encontró que entre algunos de ellos, como las bacterias y los hongos, difieren de las plantas y los animales en mayor medida que entre las plantas y animales. Así se decidió establecer dos grandes grupos de seres vivos: procariotas (Prokaryota) y eucariotas (Eukarya). Estos dos son los denominados Dominios y a su vez se dividen en reinos:

Dominio Reino
Prokaryota Archaea
Bacteria
Prokaryota Protista
Animalia
Fungi
Plantae

El resto de categorías taxonómicas son División, Clase, Orden, Familia, Género y Especie. En ocasiones se pueden encontrar subclases, subórdenes, subfamilias, tribus, subgéneros, subespecies, razas y variedades. Pero a tanto no vamos a descender en este trabajo. Por ejemplo, una planta como la encina que se cría en nuestra Serranía quedaría clasificada de la siguiente forma:

Dominio Eukaria
Reino Plantae
División Magnoliophyta
Clase Magnoliopsida
Orden Fagales
Familia Fagaceae
Género Quercus
Especie ilex
Subespecie ballota = rotundifolia

Esta subespecie se distingue así de la Quercus Ilex subsp. ilex, que se cría fundamentalmente en la cornisa cantábrica y Cataluña, con hojas más grandes y lauroides.
Como queda dicho, el nombre de cada organismo está formado por dos palabras en latín, y corresponden al género y la especie. Es el sistema creado por Linneo en 1735 en su libro Species plantarum. Obsérvese que debe escribirse en letra cursiva. Este nombre viene seguido de lo que se conoce como "autoridad", es decir, el nombre del científico que por primera vez publicó una descripción válida de él. Con frecuencia se utiliza una abreviatura para dicha autoridad. Así, "L." corresponde a Linneo, "Mill." a Gerrit Smith Miller, "Lamk." a Jean-Baptiste de Lamarck, etc. También se suele añadir el año en que la especie fue descrita. Siguiendo con el ejemplo, nuestra encina sería Quercus ilex L. subsp. ballota (1753). Ocurre con frecuencia que algunas especies tienen sinónimos y las podemos encontrar con otros nombres, como en el caso de la encina, Quercus rotundifolia Lamk. También es frecuente que aparezcan dos nombres de autores, el primero entre paréntesis, correspondiente al autor que clasificó a la especie por primera vez, y el segundo, el del autor que la reclasificó en un taxón mas correcto.
Hacer una relación completa de todas las categorías taxonómicas sería una tarea ardua y poco práctica para el usuario. Por este motivo, se ha realizado una clasificación según diferentes criterios que pretende ser de mayor utilidad para quien desee localizar una determinada especie.